En nuestro artículo anterior, cerramos con una promesa: hablar sobre las proyecciones económicas para 2026 y cómo estas podrían impactar tu bolsillo. Pues bien, el año arrancó con señales mixtas. El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) viene de tomar varias decisiones relevantes para tratar de estabilizar la economía: redujo su tasa de interés de política monetaria de forma acumulada durante el segundo semestre de 2025, bajando de 6.00% hasta 5.25% anual, nivel en el que se ha mantenido sin cambios desde noviembre. En términos simples, eso significa que el crédito se ha ido abaratando poco a poco: la tasa activa promedio de la banca múltiple bajó de 16.1% a 13.6% anual en el último año, lo que en la práctica se traduce en cuotas un poco más bajas si estás pidiendo un préstamo nuevo. Y en materia de crecimiento, el BCRD proyecta una aceleración desde el 2.0%–2.5% de 2025 a cerca del 4.0%–4.5% en 2026, impulsada por mayor inversión pública y la transmisión de las medidas monetarias adoptadas el año pasado. Hasta ahí, las buenas noticias. El problema es que hay un elemento que ningún banco central local puede controlar por sí solo: el precio del petróleo.
Porque justo cuando la economía dominicana se encaminaba hacia una recuperación, el mundo se complicó. El 28 de febrero comenzó una guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y los precios del petróleo subieron a un ritmo vertiginoso, situándose ya un 40% por encima de lo que valían antes de los primeros ataques. El barril de Brent alcanzó los 112 dólares, luego de que Irán ejecutara ataques contra instalaciones energéticas en Medio Oriente como represalia, intensificando el conflicto y planteando riesgos de interrupciones prolongadas en el suministro global. ¿Y qué tiene que ver eso con nosotros en República Dominicana? Todo. Somos un país que importa prácticamente todo el petróleo que consume, así que cuando el barril sube allá, la bomba sube aquí. El termómetro de esta crisis no está en el frente militar: está en el precio del petróleo. Si sube la energía, se encarecen el transporte, los alimentos y la vida diaria. América Latina no lo vive igual: los exportadores de crudo respiran un rato, pero los importadores lo sienten en inflación. República Dominicana está claramente en el segundo grupo. A esto se suma la inestabilidad en Venezuela, cuya producción petrolera errática agrega más incertidumbre al mercado regional, y las políticas arancelarias de la administración Trump, que generan presiones adicionales sobre el comercio y las cadenas de suministro que nos afectan indirectamente como socio comercial de Estados Unidos.

Y aquí es donde vale mirar hacia atrás para entender mejor hacia dónde vamos. El economista Jaime Aristy Escuder, en su columna Frente al statu quo del Diario Libre del 16 de marzo, lo pone en perspectiva con claridad en su artículo “Apocalipsis petrolero”: la historia dominicana tiene episodios en los que fue posible amortiguar golpes petroleros similares. En los años setenta, el boom del precio del azúcar amortiguó el impacto del shock de 1973. Luego, entre 2005 y 2014, Petrocaribe nos permitió financiar más de cuatro mil millones de dólares en combustibles venezolanos a una tasa del 1% a 25 años, un salvavidas que hoy simplemente no existe. Aristy Escuder es claro: ni el alza en el precio del oro actual alcanza para compensar el encarecimiento del crudo, ni hay condiciones regionales para replicar algo parecido a Petrocaribe. Dicho en criollo: antes teníamos comodines que ya no están en la baraja. El BCRD sigue haciendo lo que puede con las herramientas que tiene, pero el contexto de hoy es distinto, y eso importa.
Entonces, ¿cómo se traduce todo esto en tu vida diaria de aquí a diciembre? Hagamos el ejercicio con una familia dominicana promedio de clase media que gana unos RD$60,000 mensuales entre sus ingresos:
- Combustible: La gasolina premium ya está en RD$305.10 y la regular en RD$287.50. Con el barril internacional disparado, es razonable esperar nuevas alzas en las próximas semanas. Si esa familia gasta RD$5,000 al mes en gasolina, podría estar pagando entre RD$5,800 y RD$6,500 para mitad de año, dependiendo de cuánto dure el conflicto.
- Alimentos: El transporte más caro encarece todo lo que se mueve en camión, que es prácticamente todo lo que comes. Los artículos de canasta básica podrían subir entre un 5% y un 8% adicional en los próximos 60 a 90 días. Si esa familia gasta RD$25,000 al mes en comida, podría necesitar entre RD$26,250 y RD$27,000 para mantener la misma nevera llena.
- Bienes importados: Aquí hay una buena noticia relativa. El dólar sigue cotizando cerca de RD$60.25, más barato que los RD$63.87 con que arrancó el año, lo que amortigua parte del golpe en productos importados como electrodomésticos, ropa y medicamentos. Ese colchón cambiario es importante, pero frágil: si la crisis petrolera se prolonga y presiona la economía global, el dólar podría volver a subir.
- Crédito y deudas: Esta es la parte positiva del cuadro. Si tienes pensado pedir un préstamo para vehículo, mejoras del hogar o negocio, este semestre puede ser mejor que el año pasado, ya que las tasas siguen bajando gradualmente.
En resumen, el balance de 2026 todavía puede ser positivo si el conflicto en Medio Oriente se contiene y no escala. Pero si la guerra se prolonga, las presiones sobre el combustible y los alimentos harán que el esfuerzo familiar para llegar a fin de mes sea considerablemente mayor. La recomendación práctica es la misma que siempre: gasta con cabeza, aprovecha el tipo de cambio favorable para compras de importados, y guarda pan para mayo, porque el segundo semestre promete más turbulencias que el primero.










